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Las primeras Sociedades Anónimas en el Mercado Bursátil

Como muchas veces ha pasado en la historia, la necesidad crea el órgano. Las grandes travesías comerciales para buscar especies en Oriente requerían importantes recursos financieros, era necesario fletar uno o varios barcos con todo lo necesario (víveres, herramientas, armas, etc.) y pagar una tripulación al completo para una larga travesía que solía tener una duración desconocida. Esta “aventura” comercial no solo era muy cara sino que además tenia un riesgo importante, los elementos de la naturaleza podían acabar la expedición, existían otros riesgos que podían volatilizar esa inversión (motines a bordo, piratas, indígenas hostiles, enfermedades, etc.) obviamente, si la expedición tenia éxito, se podía obtener una importantísima rentabilidad, pero, como ya sabemos, a costa de sufrir un nada desdeñable riesgo. Estas dos condiciones de las expediciones marítimas, gran inversión y riesgo, son las que producen la asociación de inversores en una “aventura” y, al formalizarla jurídicamente, la creación de las primeras compañías de Indias. De hecho, estas compañías permitían agrupar con facilidad grandes capitales, los inversores podían acotar el riesgo, distribuyendo su inversión en varias expediciones o invirtiendo solo la cantidad que desearan en una de ellas. El último elemento para acabar de hacer idónea la inversión es que esa parte de inversión en una expedición se pudiera vender o comprar con facilidad. A partir de ahí, esas acciones se empiezan a comercializar en las longas ya existentes.

Aunque la inversión se produce en el siglo XVI, ya en la antigua Roma, Catón, que filosofaba mucho acerca de las cuestiones comerciales, predicaba la asociación en las aventuras comerciales y marítimas,”No hay que empezar a solas una empresa marítima. Para hacer navegar un barco, reunamos cuarenta y nueve amigos y hagamos la prueba cincuenta juntos”

En mayo de 1553 tres barcos capitaneados por Sir Hugo Williaughby zarparon desde Londres para buscar una ruta a China por el Norte. Los tres navíos de esta aventura pertenecieron a la primera compañía creada por acciones. Sebastián Cabot propuso la creación de una sociedad que seria ofrecida al público en acciones de 25 libras y cuya suscripción inicial seria de 6.000 libras. El nombre inicial fue “The Mysterie and Companie of Merchant Adventurers for the discovery of Regions, Dominions, Islands and places Unknowen”, después de un tiempo la empresa fue popularmente conocida como la “Compañía Moscovita”

Se estaba pasando de una base personalista en los negocios a una capitalista. En ese momento, el poder vender parte del negocio sin el consentimiento de los demás fue un invento espectacular.

El término “aventura” tiene hoy una connotación un poco peyorativa pero en los siglos XVI y XVII tenía un sentido jurídico bastante preciso: La “Aventura” era sinónimo de una empresa comercial, generalmente una empresa colonial, creada para llevar a cabo una expedición. Esta denominación figuraba en los títulos de antiguas sociedades como “Bahía de Hudson”  fundada en el año 1670. Fiel a la tradición, el presidente empezaba el discurso de la asamblea general con un “Señores Aventureros”, palabras que por cierto sonaban bastantes solemnes bajo el artesonado de la sala del consejo de la sociedad.

La invención de las sociedades anónimas respondió a un reto económico del momento, pero en los últimos cuatro siglos estas sociedades anónimas han permitido y contribuido extraordinariamente al desarrollo económico. Gracias a las sociedades mercantiles se pudieron acometer importantes obra que marcarían el desarrollo de la modernidad, como la red de ferrocarriles en Estados Unidos en el siglo XIX, el desarrollo del sector automovilístico, el progreso de la informática, y recientemente, las nuevas tecnologías.

La posibilidad de movilizar enormes masas de capital para desarrollar una idea empresarial, un invento, o un sector importante, ha sido crucial para la sociedad tal como la conocemos.

La sociedad anónima ha consagrado la promoción de las Bolsas de Valores convirtiéndolas en símbolos de la vida económica de la mayor parte del mundo actual.

A lo largo del siglo XVII las transacciones comerciales se fueron intensificando y el centro neurálgico del comercio se traslado de Amberes a Ámsterdam, que se convirtió en la plaza más importante. Esta ciudad albergo la primera Bolsa de Valores en el sentido moderno de la palabra, es decir, la primera longa dedicada exclusivamente a la compra-venta de acciones. Esto sucede en el año 1602, a la par que se creaba la “United East India Company” a la que se le otorgaba el monopolio del comercio al Este del Cabo de Nueva Esperanza. El 31 de agosto del año 1602 se emitía un capital inicial de 6.6 millones de florines ofreciéndose en suscripción publica, esta compañía puede considerarse la primera (Blue-Chip). A la vez se produce la primera efervescencia especulativa importante en acciones. En solo unos días la acción subió un 15 % y, cinco años después en 1607 el precio se había duplicado.

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