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Análisis fundamental – La guia para comprar acciones

Introducción- La guia para comprar acciones Análisis fundamental

En los últimos años, tanto en Europa como particularmente en Espa-
ña, pocos fenómenos han concitado tanto interés como la evolución
de los mercados financieros, en general, y de la bolsa, en particular, a
medida que más y más inversores se incorporaban al mundo de las
acciones. La primera década del siglo XXI fue histórica para los mer-
cados en muchos aspectos, como lo seguirá siendo la década que
ahora comienza y que arrastra todavía las crisis, financiera y econó-
mica, iniciadas con el nuevo siglo.
En el año 2000, la burbuja tecnológica y la euforia que la acom-
pañaba atrajo a nuevas y amplias capas de la población hacia unos
mercados que habían estado vetados a la mayoría por su compleji-
dad sólo unos pocos años antes. En los años siguientes, la euforia
desatada fue puesta a prueba por el pinchazo de la burbuja, que,
junto a otros efectos negativos, llevó a uno de los más brutales mer-
cados bajistas de la reciente historia bursátil. Esta catástrofe decep-
cionó a muchos, que se retiraron de la bolsa, algunos para siempre,
y arruinó a no pocos.
Luego vinieron unos años buenos de la mano del crecimiento
mundial, especialmente de China y los países emergentes, y se gene-
raron unas alegrías que dieron paso a nuevas burbujas: inmobiliaria,
de deuda, bancaria, de consumo y, a la postre, de nuevo bursátil. El
crédito se concedió alegremente a quien no era solvente y, tras los
impagos inevitables, fue la propia banca la que entró en crisis, como
comenzamos a ver en el verano de 2007, cuando empezó a populari-
zarse la palabra «subprime» para referirse a las hipotecas de alto ries-
go, concedidas tan a la ligera y empaquetadas después de productos
que contaminaron a todo el sector financiero y afectaron a inversores
de todo el mundo.
Las crisis de origen bancario son las peores, debido a que el siste-
ma financiero es el aparato circulatorio de las economías occidenta-
les: sin banca que canalice créditos, no hay inversión, no hay consu-
mo y peligran hasta las empresas más saneadas. Todo eso es lo que
estamos viendo en los últimos tiempos, con una crisis económica
agravada por la globalización, que afecta a todos los sectores, a todos
los países, y deja pequeña la crisis tecnológica de principios de la
década. La recesión ha sido casi mundial y sólo en los últimos meses
vemos como economías como la alemana o la norteamericana co-
mienzan a salir, muy despacio, del túnel.
Al coincidir dos debacles bursátiles graves –la tecnológica y la
«subprime»– en una misma década, merece la pena destacar dos rea-
lidades a largo plazo de signo distinto, una positiva y otra negativa, y
que permiten poner algo más en perspectiva lo que está sucediendo.
Por un lado, la realidad negativa es que normalmente lo que sube,
baja, y tanto en la bolsa como en la economía no se debe ignorar ni
despreciar el riesgo. Sustanciales segmentos de la población en Esta-
dos Unidos, en España y en otros países, así como instituciones rele-
vantes con la banca de inversión y el sector financiero internacional a
la cabeza, han incurrido en este desprecio del riesgo, en algunos ca-
sos dos veces en menos de diez años. Gran parte de lo que está suce-
diendo se debe a que muchas instituciones y empresas han persegui-
do el beneficio a corto plazo, que se ha impuesto a las más
elementales normas de prudencia financiera: de aquellos polvos vie-
nen estos lodos. La realidad positiva es que, mientras no se demuestre
lo contrario, sigue siendo cierto el viejo aforismo que tiene tanta vi-
gencia hoy como en cualquier momento anterior de la historia: la
inversión en bolsa siempre es ventajosa a largo plazo. Esto es válido
siempre y cuando se sigan unas reglas básicas de inversión que, des-
graciadamente, muchas veces no se siguen por variados motivos: ig-
norancia, incredulidad, nerviosismo, exceso de codicia o pánico.
Desgraciadamente, en los agitados mercados bursátiles que hoy con-
templamos, este último motivo, el pánico es uno de los factores con
frecuencia más dañinos.
En general, el miedo y las emociones fuertes son malas consejeras
en la inversión bursátil, y quien no sepa sustraerse mínimamente a
ellos no es persona adecuada para tomar decisiones de inversión en
bolsa, y es preferible que lo deje en manos de profesionales, o incluso
que no invierta en bolsa. Otro tanto puede decirse de las personas
con una preparación escasa, que se dejan llevar por la última noticia
o por el consejo del amigo que ha ganado unos euros con una compra
que «no podía salir mal».
Lo que es indiscutible es que, en aparente contradicción con lo
anterior, durante la burbuja tecnológica muchas de estas personas ga-
naron mucho dinero, pues hubo un periodo de euforia desatada en
que las viejas reglas de inversión sencillamente no funcionaron: com-
prar y ganar dinero era todo uno, y no importaba qué se comprara,
pero si era un valor de moda de Internet, mejor que mejor. En algunos
momentos más recientes, hemos asistido a lo contrario: nada vale y
cualquier acción, por barata que sea y por mucho que haya caído, es
buena para tirarla aún más abajo.
La diversificación de valores y sectores, la estrategia empresarial,
las expectativas de la economía, el análisis del balance y de la cuenta
de resultados, los ratios bursátiles y tantas otras herramientas tradi-
cionales de análisis en las que se apoya la inversión bursátil dejaron de
importar por motivos inversos en estas dos etapas: en la primera pre-
dominaba la euforia irracional y en la reciente predomina el pánico,
también irracional. El periodo de euforia irracional –excepcional aun-
que recurrente en el tiempo cada vez que surge alguna innovación
cuyo alcance no se conoce– tocó a su fin en marzo de 2000, para
iniciarse un lento y doloroso proceso de corrección del mismo. Tam-
bién el reciente periodo de pánico irracional está acabando, aunque
no sabemos cuándo se extinguirá del todo. Volveremos de nuevo a lo
que los anglosajones designan como «back to basics», es decir, a una
forma de invertir en bolsa basada nuevamente en las tradicionales
herramientas de análisis, que son las que siempre han servido para
tomar decisiones acertadas a largo plazo. El análisis fundamental es
una de estas viejas herramientas, quizá la más conocida y utilizada, y
estoy convencido de que volverá a imponerse.

¿Qué es el análisis fundamental?
¿Qué es el análisis fundamental y cuál es su ámbito?
¿Qué es la eficiencia del mercado?
¿Qué son los niveles de eficiencia?
¿Cuáles son las diferencias principales entre análisisfundamental y análisis técnico?
¿Qué son las expectativas?
¿Qué es el análisis macroeconómico?
¿Qué parámetros relevantes utiliza?

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