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Estudien Filosofía

Todo comienzo de año está poblado por resoluciones, listas de tendencias y consejos. Permítanme añadir uno, dirigido a los lectores y a las lectoras economistas.

La interdisciplinaridad es una palabra que se escucha / lee bastante en la bibliografía sobre educación, pedagogía, investigación, ciencia, etc. desde hace algunas décadas. El contacto con otras disciplinas e incluso el borrar de las fronteras disciplinarias es ya no más como ventajoso, sino esencial e imprescindible para el buen ejercicio de una determinada profesión y para el avance de un área del conocimiento.

Con la economía -o la ciencia económica, si lo prefieren – no es diferente: el contacto con las matemáticas, vía teoría de los juegos y estadística, por ejemplo, es esencial para la construcción de modelos econométricos; la psicología-especialmente la conductual- puede proveer insights valiosos para el pensamiento económico, como demuestran los trabajos de los galardonados con el premio Nobel Daniel Kahnemann y Richard Thaler. Además de estas disciplinas, no es raro que se recomiende a estudiantes de economía que se familiaricen con la ciencia política, especialmente por el contacto con macroeconomía y economía política, o con derecho, pensando en el derecho económico, derecho de la competencia y regulación económica.

Yo iré en otra dirección, haciendo una sugerencia al mismo tiempo (históricamente) obvia y (actualmente) contra-intuitiva: mis queridos y mis caras economistas, estudien filosofía! No porque Adam Smith haya sido profesor de ética en la facultad de filosofía de la Universidad de Glasgow, ni porque John Maynard Keynes tuvo una intensa convivencia con Ludwig Wittgenstein en Cambridge (así como Piero Sraffa), pero por cuestiones temáticas: hay ciertas áreas de la filosofía que, si no son indispensables para los y las economistas, al menos les serán extremadamente valiosos.

En mi opinión, las principales son: lógica, epistemología y ética. Me explico.

Una manera precaria y provisional de “definir” lo que sea filosofía puede ser la siguiente: se trata del ejercicio de la reflexión de nosotros sobre nosotros mismos. ¿Qué es razón? ¿Cuáles son sus límites? ¿Qué significa ser humano? ¿Qué implica vivir en sociedad? ¿Qué son hechos, conocimiento, verdad, opiniones? En fin, todas estas -y muchas otras- preguntas tienen por objetivo elucidar nuestras vidas para nosotros mismos – por eso “reflexión”, por partir de un punto y volverse a él, en examen.

Veamos cómo las tres “ramificaciones”, “áreas” o “(sub) disciplinas” de la filosofía pueden venir al encuentro de los y de los economistas.

lógica

La lógica trata de la estructura del pensamiento (racional) y de la argumentación. ¿Cómo distinguir buenos de malos argumentos? ¿Cuáles son las implicaciones de un hecho, sus correlaciones con otros hechos? En un conflicto de evidencias y opiniones, ¿cómo proceder?

El discurso económico, como discurso racional, se sirve de las estructuras lógicas para construir conceptos, elaborar hipótesis y de ellas extraer conclusiones – descriptivas o incluso normativas. No sólo a los y las economistas es deseable conocer lógica, sino a cualquier ser humano que desee participar en debates.

Hay otro factor de especial interés en la relación entre lógica y economía, a saber: la influencia recíproca entre lógica y matemática. Nombres como Gottlob Frege, Bertrand Russell, Kurt Gödel y Alfred Tarski saltan a la mente cuando pensamos en la relación entre esas disciplinas. Entre el final del siglo XIX y (al menos) la primera mitad del siglo pasado, proyectos de fundamentación lógica de las matemáticas movilizaron algunas de las mentes más brillantes de la academia occidental, y sus frutos sobrepasaron los límites de esas disciplinas – desaguando, por ejemplo, en la computación .

Con la creciente matematización de la economía, el interés por la lógica se vuelve aún más explícito, de modo que su estudio será ciertamente provechoso.

epistemología

En un sentido estricto, epistemología es el estudio del conocimiento (o teoría del conocimiento), en un esfuerzo de diferenciarlo de la opinión y de la creencia (no justificada). Se trata de aclarar qué condiciones deben ser atendidas para que un enunciado sea calificado como conocimiento, dejando de ser un yo creo que o uno creo que para convertirse en un yo sé que.

Dada la centralidad del discurso racional y el consiguiente peso conferido a la categoría de conocimiento en el debate público, familiarizarse con lo básico de epistemología es-así como en el caso de la lógica – extremadamente beneficioso para cualquiera. Pero hay algo más allá, que puede interesar particularmente a quien se ocupa de la economía.

En un sentido más amplio, la epistemología se ocupa también de las formas de producción de conocimiento. Ahora bien, la principal de ellas es la ciencia – o las ciencias, mejor dicho. La teoría del conocimiento y la teoría / filosofía de la ciencia tienen, por lo tanto, una relación bastante cercana, si tomamos ciencia por un conjunto de actividades que produce conocimiento.

Es aquí donde la cosa es especialmente interesante: ¿sería la economía una ciencia? ¿De que tipo? No siendo una ciencia, eso quiere decir que no se produce conocimiento económico, sino sólo creencias y opiniones?

A la ayuda de estas preguntas viene una extensa bibliografía, tanto de teoría de la ciencia en general como de estudios sobre disciplinas específicas. Para citar un ejemplo, a modo de ilustración, hago referencia al libro de Peter Winch titulado La idea de una ciencia social y su relación con la filosofía.

Más: una peculiaridad interesante de la epistemología es el concurso, en su estudio, de científicos profesionales, y no sólo filósofos. Thomas Kuhn, uno de los mayores filósofos de la ciencia del siglo XX, era físico de formación, por ejemplo. No se trata, pues, de una injerencia policialesca indebida de filósofos sobre dinámicas que les son ajenas, sino de un esfuerzo de reflexión conjunto – característica en la que reside su riqueza.

Comprender el estatuto del discurso económico, como ciencia social (categoría en sí controvertida, resultando en tradiciones distintas como las de las ciencias sociales, las ciencias humaines y las Geistwissenschaften) o no, es sin duda extremadamente beneficioso para los profesionales de la economía. En esta obra, un poco de epistemología y filosofía de la ciencia no hace daño a nadie.

ética

La ética o filosofía moral es el estudio de las conductas humanas con respecto a su valor – cierto e incorrecto, vicio y virtud, bueno / bien y mal / mal, etc. El principal objetivo de estas investigaciones es el de comprender cómo nuestras acciones repercuten, valorativamente, en la sociedad.

En este sentido, el estudio de la ética busca determinar las prioridades y los valores a menudo, a partir de sus efectos (ética consecuencialista) conflictos entre sí y manejar sistemas de valores distintos. Naturalmente, hay muchas implicaciones para la economía allí, pero nuevamente destacaré una.

En sociedades democráticas, hay una pluralidad ineludible de valores. Es un desafío constante e importantísimo de esas sociedades tratar con eventuales conflictos entre ellos. Por ejemplo: el desarrollo económico es un valor social, así como legitimidad política. ¿Qué hacer cuando una determinada medida de promoción del desarrollo económico se toma de tal manera que perjudica la legitimidad política? ¿O cuando el mantenimiento de esa legitimidad genera efectos negativos en la economía?

Menos importante que ofrecer una fórmula lista para matar la charada, es necesario llamar la atención sobre esta perspectiva plural. Para el / la economista, estudiar ética, filosofía moral o filosofía política significa situar el discurso económico en el conjunto de discursos sobre valores, valores esos igualmente sostenidos, asumidos y promovidos socialmente.

Mi intención con este texto-consejo no es apuntar carencias o deficiencias en la economía que puedan ser sanadas por la filosofía. Por el contrario: se trata de enriquecer aún más el discurso económico, proporcionar autoconciencia reflexiva y reforzar herramientas argumentativas fundamentales a cualquier trabajo racional.

Naturalmente, mucho de lo que escribí aquí es extremadamente controvertido y disputado en la filosofía. Sin embargo, dada la intención injuntiva, incluso provocadora, e introductoria del texto, espero que no haya perjuicio.

En resumen, los economistas: estudien filosofía.

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